En el curso de fotografía que estoy siguiendo esta semana en el Círculo de Bellas Artes, entre bostezo y bostezo, se ha colado un orador que ha despertado mis aplausos ante el placer de escuchar una conferencia dictada desde la pasión y la lucidez. Se trata de Fernando Castro Flórez, criticado crítico de arte que ha hecho un brillante recorrido por las ideas de Roland Barthes, Susan Sontag o Walter Benjamin, entre otros. De ellos son la mayoría de las citas, de Fernando el acierto de ofrecerlas en su narración, el refrito -fuera de contexto- es mío y nada más:

La fotografía es el arte de la resurrección.

El lugar del enamorado es el de aquel que no tiene lugar y se mantiene a la espera.

Lo sagrado es la aparicion de una lejanía que se mantiene lejana por muy cerca que esté.

No se puede hablar de lo que se ama: estamos perdidos en la traducción de los sentimientos, del amor.

La fotografía es la demostración de una catástrofe que ha tenido lugar.

Las imágenes de la violencia nos mantienen en un estado de anestesia colectiva. Mientras tanto, la cultura del espectáculo y del simulacro genera una violencia real.

Nos gustaría que la fotografía fuera la búsqueda de un tesoro que va a ser conquistado: el regreso a la infancia, al seno materno, al paraíso perdido. Pero una imagen en directo, la del atentado de las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, nos ha sacado del romanticismo para siempre. Nuestra época vive del miedo a lo invisible y debe elaborar aún sus miedos y conceptos.

Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko. De la misma forma que se está distanciando del lugar donde estaba mi yo de entonces. Sólo el paisaje, aquella imagen del prado en octubre, vuelve una y otra vez a mi mente como la escena simbólica de una película.

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Las palabras de los místicos nunca han interesado a los poderosos, pues su carga de profundidad socava las estructuras de necio poder que rigen el mundo. Mientras la curia del Vaticano prosigue su giro hacia la Edad Media y los petrodólares del wahabismo saudí instauran por el mundo un Islam reaccionario, no estaría mal que abriésemos nuestros oídos a las palabras de los profetas -sin olvidar que el iluminado que no usa la palabra, sino la espada, no es un profeta, sino un delincuente común-. Místicos tan cercanos y tan enamorados como San Juan de la Cruz o Ibn Arabí:

Hubo un tiempo en que rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas: es pradera de gacelas y claustro de monjes, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi Credo y mi Fe.

Ibn Arabi, místico sufí nacido en Murcia en 1165.

Una joya de menos de hora y media de duración que explora los recovecos de la memoria y las miserias de la guerra. Ari Folman demuestra que se pueden encontrar los recuerdos que quisimos olvidar y, además, hacerlo de una manera hermosa e inteligente.

Es mi historia personal. La película empieza el día que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria. Los cuatro años que trabajé en VALS CON BASHIR me provocaron un violento trastorno psicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado y, sin embargo, durante esos cuatro años, nacieron mis tres hijos. Puede que lo haya hecho para mis hijos. Para que, cuando crezcan y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra.

Ari Folman

Descubrí a Fazal Sheikh en la exposición de la Fundación Mapfre de esta primavera, compré el cuadernillo sobre su obra en la feria del libro y llevo un par de días buceando en su espléndido sitio web. Sheikh explora las vidas de los desplazados, de los que han perdido su lugar y mantienen su existencia en limbos de sufrimiento de los que difícilmente pueden salir, como los refugiados somalíes de A Camel for the Son, los afganos de The Victor Weeps o las viudas indias de Moksha.

Su fotografía me interesa porque revela una mirada no intrusiva que empieza -y no acaba- dando la palabra a los fotografiados, cuyos testimonios aparecen y dan sentido a sus libros y exposiciones. El compromiso de Sheikh con los desplazados se ve también reflejado en las ediciones de sus obras en la International Human Rights Series. Sus libros están disponibles online y la lectura de los testimonios de los fotografiados impacta tanto como sus fotografías.

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Nunca es tarde si la dicha es buena. Y la dicha llegó una calurosa tarde de junio en la que este DVD cayó en mis manos.

Gracias a Dios aún existen artistas como Norah Jones y directores como Wong Kar Wai. (más…)

A los 88 años ha muerto Mario Benedetti. Fue uno de los primeros poetas en emocionarme, hace ya mucho tiempo, a la izquierda de un roble, con su voz comprometida que sabía tanto de justicia como de poesía.

Hoy soplan otros vientos y llevo años sin abrir sus libros, como si se tratara de un amor lejano que hoy me avergonzara. Hubo un tiempo en que creí que todo era posible y él lo supo antes que yo: nuestro amor fue desde siempre un niño muerto.  Benedetti era un maestro de vida y no sólo de palabra, y fue en la vida en la que yo no supe descifrar, como él, las estrategias del corazón y las tácticas del olvido.

Descanse en paz.

de El arroyo Piute

[…]

Una mente clara y atenta

No tiene opinión pero aquello

Que ve es de verdad visto.

[…]

de Canción del gusto

[…]

Besando al amante en la boca del pan:

labio con labio.

[...]

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Antonio Vega era apenas un superviviente y su cuerpo y su voz llevaban marcadas las huellas de una fragilidad insoportable. Nadie vive más intensamente que el que muere todos los días y quizás fue esa la fuerza que le hizo capaz de llegar a ese sombrío lugar de nuestras almas que se estremecía con sus canciones.

Tantos años muriéndose y, ahora, sin Antonio Vega, cómo hablar…

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Jason van Genderen grabó “Mankind is No Island,” con su teléfono celular en las calles de Nueva York y Sidney. Ha ganado el máximo galardón en el festival de cortos TropFest NY.

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No confíes en nadie que esté leyendo un libro. Los libros podrían cambiar tu vida y tu manera de pensar. No seas uno de ellos. Mira la tele y sigue comprando.

No confíes en nadie que esté leyendo un libro. Los libros podrían cambiar tu vida y tu manera de pensar. No seas uno de ellos. Mira la tele y sigue comprando.

En el día del libro, las palabras son mías, pero toda la habilidad de este anuncio personalizado es de James Holden.

Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, y de entregar mis escritos a la imprenta, es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra.

[...]

Hoy en día, hay un único motivo por el que vale la pena perseguir algún dinero: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impida ser lo que somos. (más…)

Quizá sea ésta la más profunda melancolía del viajero, que la alegría del regreso siempre está mezclada con algo más difícil de describir, que aquello que has echado tanto de menos también puede seguir existiendo sin ti, que deberás quedarte para siempre allí -donde se encuentra esto- si quieres tenerlo verdaderamente contigo. Pero para ello tendrías que convertirte en alguien que no puedes ser, alguien que se queda en casa. El auténtico viajero vive de su desgarramiento, de la tensión entre el volver-a-encontrar y el volver-a-dejar, y al mismo tiempo ese desgarramiento es la esencia de su vida, no pertenece a ninguna parte. En el todas-partes que frecuenta constantemente faltará siempre algo, es el eterno peregrino de lo carente, de la pérdida, e igual que los auténticos peregrinos de esta ciudad está buscando algo que estaba aún más lejos que la sepultura de un apóstol o la costa de Finisterre, algo que hace señas y permanece invisible, lo imposible.

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EMBRIAGAOS
Hay que estar siempre ebrio. Todo está ahí: ésa es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que rompe vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis. Pero embriagaos.
Y si alguna vez, sobre la escalinata de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, ya menguada o desaparecida la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a al estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: “¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis”.

Charles Baudelaire

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Una de las pocas cosas que sé acerca de la escritura es esta: gástalo todo, dispáralo a bocajarro, piérdelo sobre la marcha, una y todas las veces que sea preciso. No conserves lo que parece provechoso para más adelante, para otra fase del libro: dalo, dalo todo, dalo ahora. El impulso de reservar algo bueno para un lugar aparentemente mejor es la señal que se necesita para gastarlo ahora, sin tardanza. Ya aparecerá algo distinto, puede que mejor, más adelante. Estas cosas se llenan por detrás, por debajo, como el agua de un pozo. Del mismo modo, el impulso de guardar para uno lo que ha aprendido no solo es vergonzoso, sino que es destructivo. Todo lo que no dé uno libre y abundantemente termina por perdérsele. Uno abre un buen día la caja fuerte y se encuentra con cenizas.

Annie Dillard: Vivir, escribir (Ediciones Fuentetaja)

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