Archivo para Febrero 2009
Las cosas como fueron
He abandonado el barro, la arcilla conocida,
para vivir al borde de un peligro que amo,
para buscar las manos que sostengan mi rostro
sobre el silencio neutro de las profundidades.
Ahora miro a lo lejos. Ya pasaron los días
que la vida nos dio para gozar de aquello.
Pero es posible regresar, volver mil veces
a los lugares del deseo, a los sitios que la pasión eligiera.
Basta con que miremos hacia atrás, con que aprendamos
que el tiempo pasa, pero permanece.
Lo que Israel no quería que viéramos
No voy a quemar banderas israelíes ni a mencionar la palabra holocausto. Pero este reportaje de Jon Sistiaga me ha recordado la inquietud que sentí cuando visité Israel hace varios años y comprendí la inclinada ladera por la que comenzaba a precipitarse la opinión pública israelí.
Siempre he defendido que el estado de Israel tiene tanto derecho a existir como el estado palestino y me ha escandalizado que un sello en el pasaporte de entrada en Israel fuera razón suficiente para convertirse en un paria al que se le prohíbe la entrada en el resto de los países árabes. Pero la militarización del país y el excesivo peso de los partidos religiosos en la política judía, aumentado por el caudal de inmigrantes llegados de Rusia y por la influencia de la comunidad judía de Estados Unidos, ha arrasado los orígenes socialistas y utópicos del país y le ha llevado a una deriva en la que una vida judía vale cien veces más que una vida palestina y se considera que los palestinos, como niños díscolos, sólo pueden aprender a palos.
Si la violencia es un recurso al que acuden siempre los más fuertes o los más desesperados, hay poco terreno para la esperanza en Israel y Palestina, poco espacio para la razón ante un abismo de odio del que la muerte es el único final conocido.
Lo que Israel no quería que viéramos – Segunda parte
Lo que Israel no quería que vieramos – Tercera parte
La cenicienta que no quería comer perdices
He recibido este hermoso cuento por correo electrónico, un encargo del grupo de mujeres contra los malos tratos de Horta, realizado por Nunila López Salamero y Myriam Cameros Sierra con gran sensibilidad y mejor sentido:
Que lo disfrutéis. Estoy seguro que las autoras estarán encantadas de recibir vuestros comentarios en su blog.
El señor Pip
Al recordar estos sucesos, no siento nada. Perdonadme si ese día perdí la capacidad de sentir. Fue lo último que me quitaron después de mi lápiz y mi calendario y mis zapatillas, el ejemplar de Grandes esperanzas, mi esterilla y la casa, después del señor Watts y mi madre.
No sé qué hay que hacer con esta clase de recuerdos. No creo que esté bien querer olvidar. Quizá por eso escribo estas cosas, para poder seguir adelante.
Un grito de amor desde el centro del mundo
Mi corazón iba a hacerse añicos como el pétalo helado de una flor al pellizcarlo con la punta de los dedos.
-Adiós, Aki.
Kyoichi Katayama: Un grito de amor desde el centro del mundo (Alfaguara)





