Antología esencial de la poesía francesa

EMBRIAGAOS
Hay que estar siempre ebrio. Todo está ahí: ésa es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que rompe vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis. Pero embriagaos.
Y si alguna vez, sobre la escalinata de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, ya menguada o desaparecida la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a al estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: “¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis”.

Charles Baudelaire

BÉSAME, VUELVE A BESARME Y BESA

Bésame, vuelve a besarme y besa:
dame el beso más tierno, el más sabroso,
aquel entre los tuyos amoroso:
que cuatro yo te diera en ardor presa.

¿Te han dolido? Pues oye mi promesa,
diez más te diera, dulces, por reposo.
Y así mezclando nuestro amor dichoso,
holguémonos, querido, en esta empresa.

Que cada cual su vida duplicare
y experiencia en el otro y en sí hallare.
Concédeme, Amor Mío, esta locura:

si en discreción, yo vivo consumida,
y alegría no abrigo en mi guarida
que me lance a desmanes sin cordura.

Louise Labé (1522-1566)

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De TRISTEZA EN MAR

Más pálido que el cielo sin color
me dirijo a la tierra del carbón,
donde reinan la niebla y el suicidio;
-Hace un tiempo ideal para matarse.

Theophile Gautier (1811-1872)

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De AL LECTOR

[...]

Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro
No adornaron aún con sus raros dibujos
El banal cañamazo de nuestra pobre suerte,
Es porque nuestro espíritu no fue bastante osado.

Más, entre los chacales, las panteras, los linces,
Los simios, las serpientes, escorpiones y buitres,
Los aulladores monstruos, silbantes y rampantes,
En la, de nuestros vicios, infernal mezcolanza.

¡Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo!
Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos
Convertiría, con gusto, a la tierra en escombro
Y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;

¡Es el tedio! -Anegado de un llanto involuntario,
Imagina cadalsos, mientras fuma su yerba.
Lector, tú bien conoces al delicado monstruo,
-¡Hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!

EL BALCÓN

Madre de los recuerdos, querida de queridas,
Tú, ¡todos mis deleites! Tú, ¡mis deberes todos!
Tendrás siempre presentes nuestras lentas caricias,
La dulzura del fuego y los atardeceres,
Madre de los recuerdos, ¡querida de queridas!

Las tardes alumbradas por los ígneos carbones
Y aquellas, al balcón, que el vapor nos velaban.
¡Qué dulce era su seno! Tu corazón, ¡qué amante!
Tantas veces dijimos cosas inolvidables
Las tardes alumbradas por los ígneos carbones.

¡Qué bellos son los soles en los tibios crepúsculos!
¡Qué profundo el espacio! ¡Qué recio el corazón!
Reclinándome en ti, reina de las amadas
Creía respirar de tu sangre el perfume.
¡Qué bellos son los soles en los tibios crepúsculos!

Lo mismo que un tabique la noche se espesaba,
Y, en lo oscuro, mis ojos presentían tus pupilas,
Y bebía en tu aliento, ¡oh veneno! ¡oh dulzura!
Y tus pies se dormían en mis manos fraternas,
Lo mismo que un tabique la noche se espesaba.

¡Yo sé cómo evocar los minutos dichosos!
Y revivo el pasado hundido en tus rodillas.
Pues, ¿dónde iré a buscar desmayadas bellezas
Que no sea en tu cuerpo o en tu corazón tierno?
¡Yo sé como evocar los minutos dichosos!

Juramentos, perfumes y besos infinitos,
¿Renacerán un día del abismo insondable,
Como ascienden al cielo los renovados soles
Después de ser lavados en los mares profundos?
¡Juramentos! ¡Perfumes! ¡Y besos infinitos!

De INVITACIÓN AL VIAJE

[...]

¡Sueños, ¡Siempre sueños! Y cuanto más ambiciosa y delicada es el alma, más la alejan de lo posible los sueños. Cada hombre lleva en sí su dosis de opio natural, incesantemente secretada y renovada, y del nacimiento a la muerte, ¿cuántas horas colmadas por el gozo positivo, por la acción lograda y decidida podemos contar? ¿Viviremos alguna vez, pasaremos alguna vez a ese cuadro que ha pintado mi espíritu, ese cuadro que se te parece?
Esos tesoros, esos muebles, ese lujo, ese orden, esos perfumes, esas flores milagrosas son tú. Siguen siendo tú esos grandes ríos y esos canales tranquilos. Esos enormes navíos que arrastran, totalmente cargados de riqueza, y de donde suben los cantos monótonos de la maniobra, son mis pensamientos que duermen o que ruedan sobre tu seno. Tú los guías dulcemente hacia el mar que es el Infinito, mientras se reflejan las profundidades del cielo en la limpidez de tu bella alma; y cuando, fatigados por el oleaje y atiborrados de productos de Oriente, retornan al puerto natal, siguen siendo mis pensamientos enriquecidos que vuelven del infinito hacia ti.

EMBRIAGAOS
Hay que estar siempre ebrio. Todo está ahí: ésa es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que rompe vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis. Pero embriagaos.
Y si alguna vez, sobre la escalinata de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, ya menguada o desaparecida la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a al estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: “¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis”.

Charles Baudelaire (1821-1867)

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EL DURMIENTE DEL VALLE

Un hoyo de verdor por donde un río suena
engarzando en las yerbas, localmente, jirones
de plata; donde el sol de la altiva montaña
relumbra: un vallecico amado por la luz.

Un soldado sin casco y con la boca abierta,
al que baña la nuca un fresco berro azul,
tendido bajo el cielo, duerme sobre la yerba,
pálido entre lo verde donde el fulgor se cierne.

Los pies, entre gladiolos, duerme y sonríe, como
sonreiría un niño enfermo, en su sueño descansa,
lo acuna con calor Madre Naturaleza.

Los aromas no logran que lata su nariz;
duerme al sol y una mano reposa sobre el pecho
tranquilo. Con dos puntos rojizos al costado.

Arthur Rimbaud (1854-1891)

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LA UNIÓN LIBRE

Mi mujer con cabellera de incendio de bosque
con pensamiento de relámpagos de calor
con talle de reloj de arena
mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre
mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud
con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
con lengua de ámbar y de vidrios frotados
mi mujer con lengua de hostia apuñalada
con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
con lengua de piedra increíble
mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño
con cejas de borde de nido de golondrina
mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero
y de vaho en los cristales
mi mujer con hombros de champaña
y de fuente con cabeza de delfines bajo el hielo
mi mujer con muñecas de fósforos
mi mujer con dedos de azar y de as de corazón
con dedos de heno segado
mi mujer con axilas de marta y de bellotas
de noche de San Juan
de alheña y de niño de escalarias
con brazos de espuma de mar y de esclusa
y de mezcla de trigo y de molino
mi mujer con piernas de cohete
con movimientos de relojería y desesperación
mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
mi mujer con pies de iniciales
con pies de manojos de llaves con pies de pajarillos que beben
Mi mujer con cuello de cebada salvaje
Mi mujer con garganta de Val d’or
De cita en el lecho mismo del torrente
Con senos de noche
Mi mujer con senos de topera marina
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de despliegue de abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro en fuga cenital
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de vaso en que se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de araña y de colas de flecha
Y de tallos de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de gres y de amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento minero y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de bombones rancios
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sabana
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de tronco eternamente bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

André Breton (1896-1966)

Edición de Mauro Armiño: Antología esencial de la poesía francesa (Espasa – Austral)

This entry was published on marzo 16, 2009 at 10:11 am. It’s filed under Lecturas, Poesía and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 thoughts on “Antología esencial de la poesía francesa

  1. TRISTEZA EN MAR
    Theophile Gautier (1811-1872)
    Más pálido que el cielo sin color
    me dirijo a la tierra del carbón,
    donde reinan la niebla y el suicidio;
    Hace un tiempo ideal para matarse.
    A menos que el delirio sea la presa,
    Y la esperanza por el carbón carezca de manifiesto.
    Preguntaos si sois libres o sois esclavos,
    Consumad vuestro antojo dejaos que reine la niebla,
    Y el suicidio en vuestra angustia perenne.
    Dejando que nuestra muerte interna a lo vano y simplicista,
    le de color a nuestro propio cielo.
    Me dirijo a la tierra del carbón,
    Donde dejare mis penas,
    Aunque el tiempo apremia seguiré mi ruta,
    Por ser cobarde para rescindir mi propia vida.

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