Archivo para la categoría "Escrituras"
Las palabras de los místicos
Las palabras de los místicos nunca han interesado a los poderosos, pues su carga de profundidad socava las estructuras de necio poder que rigen el mundo. Mientras la curia del Vaticano prosigue su giro hacia la Edad Media y los petrodólares del wahabismo saudí instauran por el mundo un Islam reaccionario, no estaría mal que abriésemos nuestros oídos a las palabras de los profetas -sin olvidar que el iluminado que no usa la palabra, sino la espada, no es un profeta, sino un delincuente común-. Místicos tan cercanos y tan enamorados como San Juan de la Cruz o Ibn Arabí:
Hubo un tiempo en que rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas: es pradera de gacelas y claustro de monjes, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi Credo y mi Fe.
Pon un libro peligroso en tu vida

No confíes en nadie que esté leyendo un libro. Los libros podrían cambiar tu vida y tu manera de pensar. No seas uno de ellos. Mira la tele y sigue comprando.
En el día del libro, las palabras son mías, pero toda la habilidad de este anuncio personalizado es de James Holden.
Aliento
La vida como
narración es una
sucesión de mentiras
leídas con mayor o
menor fortuna. Pero
mis ojos y los tuyos
no son dos espejos
y no hay dos
lecturas que
encajen. El pasado
está muerto, el
futuro ni ha nacido
ni lo hará nunca.
Respiro profundo y
perfecciono el único
momento en que
estoy vivo. Me
sumerjo en el
instante.
A. P. R.
Lo que Israel no quería que viéramos
No voy a quemar banderas israelíes ni a mencionar la palabra holocausto. Pero este reportaje de Jon Sistiaga me ha recordado la inquietud que sentí cuando visité Israel hace varios años y comprendí la inclinada ladera por la que comenzaba a precipitarse la opinión pública israelí.
Siempre he defendido que el estado de Israel tiene tanto derecho a existir como el estado palestino y me ha escandalizado que un sello en el pasaporte de entrada en Israel fuera razón suficiente para convertirse en un paria al que se le prohíbe la entrada en el resto de los países árabes. Pero la militarización del país y el excesivo peso de los partidos religiosos en la política judía, aumentado por el caudal de inmigrantes llegados de Rusia y por la influencia de la comunidad judía de Estados Unidos, ha arrasado los orígenes socialistas y utópicos del país y le ha llevado a una deriva en la que una vida judía vale cien veces más que una vida palestina y se considera que los palestinos, como niños díscolos, sólo pueden aprender a palos.
Si la violencia es un recurso al que acuden siempre los más fuertes o los más desesperados, hay poco terreno para la esperanza en Israel y Palestina, poco espacio para la razón ante un abismo de odio del que la muerte es el único final conocido.
Lo que Israel no quería que viéramos – Segunda parte
Lo que Israel no quería que vieramos – Tercera parte
La costa de los esclavos
Desde el 1 al 14 de diciembre estaré viajando he estado viajando por Benin, mi primera experiencia en el África negra.
La dificultad de acceso a Internet me hizo imposible mantener al día el blog La costa de los esclavos, en el que pretendía plasmar las principales vivencias de mi viaje. Esa dificultad se ha convertido en una oportunidad: la de realizar el blog con más calma y añadir algunas de las lecturas que enmarcan este viaje y los próximos al continente africano. Más vale tarde que nunca, sigue en marcha La costa de los esclavos.
La perfección mata
Mantente alerta
Cuadernos de Tunez: Cuerpos perfumados
Como cada mañana, los hombres deambulan por los callejones de la rue Zarkan, en la medina de Túnez. Semidesnudas, apenas hermosas, ellas se muestran sin entusiasmo tras el humo del incienso, sus miradas se encuentran con la mía y mi corazón se acelera. Me cruzo con hombres que avanzan sin verme mientras asisto a un rito tan milenario como las alcahuetas que acompañan a estas mujeres. Quiero encontrar la salida y a la vez deseo que nunca acabe este desfile asombroso que me precipita a los límites en que el pudor desaparece. Al volver a la calle principal y continuar mi camino, no hay mezquita ni zoco ni escuela ni casa que calme la agitación de mi mente. Soy sólo un fantasma que camina, mientras el humo se sigue enredando en sus tristes cuerpos perfumados.
Cuadernos de Tunez: El grito
Veinte kilómetros al sur de Ksar Rhilane, en el desierto tunecino, en pie sobre las dunas que me permiten ver una extensión ondulada e interminable. La línea de sombra se acerca sobre el oleaje y grito, grito de una manera que había olvidado, grito sin pudor las palabras que me dan sentido. Para desnudar lo que soy, para que el cielo y la tierra me acojan, alzo los brazos y grito.
Cuadernos de Tunez: La lámpara mágica
¿Por qué he venido a Túnez en este momento y no antes ni después ni nunca? ¿Por qué he venido a este campamento, con esta agencia, con este guía? ¿Por qué hemos descendido por esa duna y he bajado en ese instante del dromedario? ¿Por qué he preguntado y he querido buscar algo y por qué, en ese mismo instante, he dado una patada a esa piedra y ha aparecido esta lámpara, de hace dos mil o doscientos años, perdida en este desierto inabarcable?
¿Por qué he nacido? ¿Para qué existo? Acaricio la lámpara y respiro, sin que ningún genio aparezca. Aún hay motivos para vivir asombrado.
Cuadernos de Tunez: Las dunas bailan al amanecer
La alarma sonó a las seis menos cuarto y en pocos momentos dejé el campamento a mi espalda y me encontré caminando sobre la arena. Una leve bruma había humedecido el desierto y, como un espejismo, desaparecía antes de ser tocada por la luz. La arena endurecida facilitaba mis pasos, avancé cruzando dunas cada vez más altas y, de pronto, comenzó una fiesta que no esperaba ningún invitado. El sol abrió la puerta y caminé sin rumbo, poseído por la luz, borracho de sombra, en la sala vacía en que las dunas bailan al amanecer.
Cuadernos de Tunez: Las cuatro clases
Hay cuatro clases de tunecinos, me comenta Abderrazak, mientras esperamos sentados el autobús que debería llevarnos a Tozeur. Abderrazak no es sociólogo y por eso en sus palabras distingo el sentir de la calle -esa que algunos teóricos piensan que ni siente ni padece-. La primera categoría no debe ser muy numerosa, pues no entiendo quienes forman parte de ella. La segunda es la de aquellos tunecinos que han hecho fortuna en Europa. La tercera, la forman los que tienen un trabajo fijo. La cuarta, la de aquellos que van encontrando un trabajo aquí y otro allá, alternando ocupaciones esporádicas con frecuentes momentos sin empleo -ni subsidio: esto no es Europa-. Esta última, la más numerosa, es a la que pertenecen la mayoría de los tunecinos, y a la que supongo que pertenece Abderrazak, que trabaja ocasionalmente como animador turístico en Hammamet y lo encuentro en pleno comienzo de la temporada alta acudiendo a su hogar natal a 10 kilometros de Tozeur.
Cuadernos de Tunez: Not so nice
Medicis llego en tercer lugar. Nice Love en el cuarto. Sobre Noise prefiero no hablar: no es lo más digno haber llegado el último cuando estaba en juego mi reputacion como viajero de la buena suerte en las cafeterias de Kairouan. Nunca me convenció su nombre y, ahora que lo recuerdo, ahora que he vuelto a equivocarme una vez más, veo en mi mente el nombre por el que yo quise apostar, demasiado tarde lo veo y lo comprendo: Objectif Royal.
Examen de olimpismo
Primera pregunta:
¿Es usted deportista olímpico?
- Sí. En ese caso, absténgase de contestar la segunda pregunta y siga corriendo, que para eso le pagamos.
- No. En este caso, puede pasar a la segunda pregunta, pero en ningún caso apague el televisor. Tampoco es conveniente contestarla en el interior de China.
Segunda pregunta:
Una nación emergente en vías de convertirse en una superpotencia mundial, un régimen totalitario dispuesto a aplastar cualquier signo de democracia, un gran negocio que nadie quiere perderse. ¿De qué Juegos Olímpicos estamos hablando?
- Pekin 2008.
- Berlín 1936.
- Las dos respuestas anteriores son correctas.
Imagen encontrada en Las Penas del Agente Smith
Cuadernos de Tunez: Nice love
No parecía fácil escoger el caballo ganador de una carrera que tendría lugar a más de dos mil kilómetros de la pequeña y sucia cafetería en la que nos encontrábamos. Pero Khasein insistió en que fuera yo el que escogiera los caballos por los que él iba a apostar 700 miliardos de dinar. Cuarenta céntimos de euro. El recien llegado trae la suerte, comentan mis compañeros de mesa, mientras siguen echando las cartas en su partida de skuba, la escoba que tanto me gustaba jugar cuando era niño.
El recién llegado trae la suerte: con esa responsabilidad pasé varios minutos leyendo y releyendo la lista de dieciséis caballos que iban a competir en París al día siguiente. Todos igualmente desconocidos para mí. Finalmente escogí los nombres que más me gustaban y escribí sus numeros. Noise, Medicis y Nice Love. Como muestra de agradecimiento, Khasein me mostró su pasaporte, caducado hace 10 años, en el que se encontraba estampada una única salida del pais. Khasein es solo un año mayor que yo, pero aparenta cinco o diez más. Contemplé su vieja foto de hace veinte años y ambos nos reimos. Estuve tentado de enseñar mi pasaporte, pero mi mano retrocedió antes de sacarlo del bolsillo. La mera ostentación de mi documento más preciado, repleto de sellos en casi todas sus hojas, me pareció de repente un gesto profundamente obsceno. El mundo es injusto y las diferencias en aquella mesa tenían nombre y apellidos, requisitos de entrada y visado de turista; pero en ese momento el té cargado y las cartas mostraban una verdad que no era preciso arruinar: en aquella cafetería impregnada de humo en la que los hombres llevaban siglos sentados, todos eramos iguales. Aunque fuera tan solo una verdad instántanea, sin detalles, imposible de desarrollar en cuanto saliéramos a la calle. Una mentira a medias.







