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Un domingo en la piscina en Kigali
El habitante de las colinas desconfía del forastero. Vive aislado y no conoce amigo ni enemigo. Entonces se toma su tiempo para averiguar si lo es o no y entretanto finge. A menudo tarda una vida entera y no llega a decir lo que piensa hasta su lecho de muerte. Así ocurre que a veces en este país, después de años de un trato de zalemas, de regalos y alegres conversaciones, un blanco se entera de que nunca se le ha tenido en aprecio. Los blancos afirman que Ruanda-Urundi es el reino de los mentirosos y los hipócritas. No entienden nada de la inseguridad del hombre de las colinas. Los blancos tienen fusiles, los negros tienen pensamientos secretos.
[...]
-Tus hijos y los hijos de tus hijos, mientras vivan en el país de las colinas, deberán cambiar de piel como serpientes y de color como los camaleones. Siempre deberán volar en la misma dirección que sople el viento y nadar según la corriente. Serán lo que no son; si no lo hacen, sufrirán por ser lo que son.
Lo naciente. Pensando el acto creador
Siempre que escribo -que es mi forma de crear-, descubro, o quizá inauguro, algo de mí, de mí o de todos, como si el saber, el entender e incluso el obrar, no fuesen la inmediata relación que puedo establecer con mi ser o con mi nada; como si el crear me enseñara también eso: que crear es más originario que saber, más abismal que comprender, más definitivo que actuar.
[...]
Si la realidad fuera sólo
lo ya dado,
no habría lugar para pensar en ella
ni vacío desde donde escucharla.
La realidad no se agota en lo que es:
ni la palabra en lo que dice,
ni la vida en quien la vive.
Ni todo en todo ni nada en nada.
La realidad no es: crea.
El emperador
¡Sí, estimado señor, era asombroso el poder que ejercía el nombramiento imperial! Porque, fíjese, una cabeza corriente que hasta entonces se había movido de un modo natural y sencillo, tan ágil y libre, tan pronta a girarse, a inclinarse, a oscilar y a balancearse, una vez ungida por el nombramiento experimentaba una extraña reducción y, a partir de aquel momento, se movería tan sólo en dos direcciones: en la vertical-hacia abajo, que adoptaba en presencia del Honorable Señor, y en la vertical-hacia arriba, que adoptaba ante los demás. Fijada sobre ese eje “arriba-abajo”, la cabeza no podía moverse libremente, y si la sorprendiéramos por la espalda llamando de repente: “¡Oiga, señor!”, tal cabeza hubiera sido incapaz de volverse; su dueño habría tenido que detenerse con la mayor dignidad y sólo entonces, usando todo el cuerpo, habría podido girar aquella parte hacia el lugar de donde procedía la voz.
[...]
El trono irradia dignidad, pero sólo por contraste con la sumisión que lo rodea; es la sumisión de los súbditos lo que crea su superioridad y le da sentido; sin ella el trono no es más que un decorado, un incómodo sillón de terciopelo raído y torcidos muelles.
Un día más con vida
Yo no tenía salvoconducto para moverme por aquella zona, porque en el frente sur -que era el más débil, el más abandonado, el peor organizado y el peor armado- no dejaban penetrar a nadie. Pero pensé que a lo mejor me las arreglaría solo. Eso pensé, aunque a decir verdad no pensé en absoluto, pues si de verdad hubiese reflexionado, seguramente se me habrían quitado las ganas de aventurarme por aquellos parajes. Por otra parte, no obstante, si me lo hubiese vuelto a plantear, seguramente sí habría decidido que quería hacerlo, porque considero que no debo escribir sobre personas con las cuales no haya vivido, aunque sólo fuera una pequeña parte, lo mismo que viven ellas.
Al mismo tiempo
Cuando ese conocido amante de la belleza, Oscar Wilde, anunció en La decadencia de la mentira, “Nadie verdaderamente culto [...] habla jamás en la actualidad de la belleza del crepúsculo: los crepúsculos son más bien anticuados”, estos se tambalearon con el impacto, luego se recuperaron. Les beaux arts, conminadas por una llamada semejante a ponerse al día, no lo hicieron. La exclusión de la belleza como criterio del arte no es ni mucho menos indicio de que la autoridad de la belleza esté en decadencia. Más bien testimonia el declive de la creencia de que hay algo llamado arte.
Algo se califica de interesante precisamente para no tener que comprometer un juicio sobre la belleza (o la bondad). Lo interesante es sobre todo en la actualidad un concepto consumista, propenso a ampliar su dominio: cuantas más cosas se vuelven interesantes, más crece el mercado.
Tokio blues. Norwegian Wood
Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko. De la misma forma que se está distanciando del lugar donde estaba mi yo de entonces. Sólo el paisaje, aquella imagen del prado en octubre, vuelve una y otra vez a mi mente como la escena simbólica de una película.
Las palabras de los místicos
Las palabras de los místicos nunca han interesado a los poderosos, pues su carga de profundidad socava las estructuras de necio poder que rigen el mundo. Mientras la curia del Vaticano prosigue su giro hacia la Edad Media y los petrodólares del wahabismo saudí instauran por el mundo un Islam reaccionario, no estaría mal que abriésemos nuestros oídos a las palabras de los profetas -sin olvidar que el iluminado que no usa la palabra, sino la espada, no es un profeta, sino un delincuente común-. Místicos tan cercanos y tan enamorados como San Juan de la Cruz o Ibn Arabí:
Hubo un tiempo en que rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas: es pradera de gacelas y claustro de monjes, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi Credo y mi Fe.
Adiós a Mario Benedetti
A los 88 años ha muerto Mario Benedetti. Fue uno de los primeros poetas en emocionarme, hace ya mucho tiempo, a la izquierda de un roble, con su voz comprometida que sabía tanto de justicia como de poesía.
Hoy soplan otros vientos y llevo años sin abrir sus libros, como si se tratara de un amor lejano que hoy me avergonzara. Hubo un tiempo en que creí que todo era posible y él lo supo antes que yo: nuestro amor fue desde siempre un niño muerto. Benedetti era un maestro de vida y no sólo de palabra, y fue en la vida en la que yo no supe descifrar, como él, las estrategias del corazón y las tácticas del olvido.
Descanse en paz.
la mente salvaje
de El arroyo Piute
[…]
Una mente clara y atenta
No tiene opinión pero aquello
Que ve es de verdad visto.
[…]

de Canción del gusto
[…]
Besando al amante en la boca del pan:
labio con labio.
[...]
El olvido que seremos
Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, y de entregar mis escritos a la imprenta, es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra.
[...]
Hoy en día, hay un único motivo por el que vale la pena perseguir algún dinero: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impida ser lo que somos. Leer el resto de esta entrada »
El desvío a Santiago
Quizá sea ésta la más profunda melancolía del viajero, que la alegría del regreso siempre está mezclada con algo más difícil de describir, que aquello que has echado tanto de menos también puede seguir existiendo sin ti, que deberás quedarte para siempre allí -donde se encuentra esto- si quieres tenerlo verdaderamente contigo. Pero para ello tendrías que convertirte en alguien que no puedes ser, alguien que se queda en casa. El auténtico viajero vive de su desgarramiento, de la tensión entre el volver-a-encontrar y el volver-a-dejar, y al mismo tiempo ese desgarramiento es la esencia de su vida, no pertenece a ninguna parte. En el todas-partes que frecuenta constantemente faltará siempre algo, es el eterno peregrino de lo carente, de la pérdida, e igual que los auténticos peregrinos de esta ciudad está buscando algo que estaba aún más lejos que la sepultura de un apóstol o la costa de Finisterre, algo que hace señas y permanece invisible, lo imposible.
Antología esencial de la poesía francesa
EMBRIAGAOS
Hay que estar siempre ebrio. Todo está ahí: ésa es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que rompe vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis. Pero embriagaos.
Y si alguna vez, sobre la escalinata de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, ya menguada o desaparecida la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a al estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: “¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis”.Charles Baudelaire
Vivir, escribir
Una de las pocas cosas que sé acerca de la escritura es esta: gástalo todo, dispáralo a bocajarro, piérdelo sobre la marcha, una y todas las veces que sea preciso. No conserves lo que parece provechoso para más adelante, para otra fase del libro: dalo, dalo todo, dalo ahora. El impulso de reservar algo bueno para un lugar aparentemente mejor es la señal que se necesita para gastarlo ahora, sin tardanza. Ya aparecerá algo distinto, puede que mejor, más adelante. Estas cosas se llenan por detrás, por debajo, como el agua de un pozo. Del mismo modo, el impulso de guardar para uno lo que ha aprendido no solo es vergonzoso, sino que es destructivo. Todo lo que no dé uno libre y abundantemente termina por perdérsele. Uno abre un buen día la caja fuerte y se encuentra con cenizas.
Las cosas como fueron
He abandonado el barro, la arcilla conocida,
para vivir al borde de un peligro que amo,
para buscar las manos que sostengan mi rostro
sobre el silencio neutro de las profundidades.
Ahora miro a lo lejos. Ya pasaron los días
que la vida nos dio para gozar de aquello.
Pero es posible regresar, volver mil veces
a los lugares del deseo, a los sitios que la pasión eligiera.
Basta con que miremos hacia atrás, con que aprendamos
que el tiempo pasa, pero permanece.
La cenicienta que no quería comer perdices
He recibido este hermoso cuento por correo electrónico, un encargo del grupo de mujeres contra los malos tratos de Horta, realizado por Nunila López Salamero y Myriam Cameros Sierra con gran sensibilidad y mejor sentido:
Que lo disfrutéis. Estoy seguro que las autoras estarán encantadas de recibir vuestros comentarios en su blog.










