Archivo para la categoría "Ensayo"
Lo naciente. Pensando el acto creador
Siempre que escribo -que es mi forma de crear-, descubro, o quizá inauguro, algo de mí, de mí o de todos, como si el saber, el entender e incluso el obrar, no fuesen la inmediata relación que puedo establecer con mi ser o con mi nada; como si el crear me enseñara también eso: que crear es más originario que saber, más abismal que comprender, más definitivo que actuar.
[...]
Si la realidad fuera sólo
lo ya dado,
no habría lugar para pensar en ella
ni vacío desde donde escucharla.
La realidad no se agota en lo que es:
ni la palabra en lo que dice,
ni la vida en quien la vive.
Ni todo en todo ni nada en nada.
La realidad no es: crea.
Al mismo tiempo
Cuando ese conocido amante de la belleza, Oscar Wilde, anunció en La decadencia de la mentira, “Nadie verdaderamente culto [...] habla jamás en la actualidad de la belleza del crepúsculo: los crepúsculos son más bien anticuados”, estos se tambalearon con el impacto, luego se recuperaron. Les beaux arts, conminadas por una llamada semejante a ponerse al día, no lo hicieron. La exclusión de la belleza como criterio del arte no es ni mucho menos indicio de que la autoridad de la belleza esté en decadencia. Más bien testimonia el declive de la creencia de que hay algo llamado arte.
Algo se califica de interesante precisamente para no tener que comprometer un juicio sobre la belleza (o la bondad). Lo interesante es sobre todo en la actualidad un concepto consumista, propenso a ampliar su dominio: cuantas más cosas se vuelven interesantes, más crece el mercado.
la mente salvaje
de El arroyo Piute
[…]
Una mente clara y atenta
No tiene opinión pero aquello
Que ve es de verdad visto.
[…]

de Canción del gusto
[…]
Besando al amante en la boca del pan:
labio con labio.
[...]
Vivir, escribir
Una de las pocas cosas que sé acerca de la escritura es esta: gástalo todo, dispáralo a bocajarro, piérdelo sobre la marcha, una y todas las veces que sea preciso. No conserves lo que parece provechoso para más adelante, para otra fase del libro: dalo, dalo todo, dalo ahora. El impulso de reservar algo bueno para un lugar aparentemente mejor es la señal que se necesita para gastarlo ahora, sin tardanza. Ya aparecerá algo distinto, puede que mejor, más adelante. Estas cosas se llenan por detrás, por debajo, como el agua de un pozo. Del mismo modo, el impulso de guardar para uno lo que ha aprendido no solo es vergonzoso, sino que es destructivo. Todo lo que no dé uno libre y abundantemente termina por perdérsele. Uno abre un buen día la caja fuerte y se encuentra con cenizas.
Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre
Zygmunt Bauman es un autor imprescindible para entender nuestro tiempo. Y Tiempos líquidos es un afilado repaso a las incertidumbres de una época que ha tomado un rumbo inexorable que nadie parece poder cambiar.
Tiempos líquidos está compuesto de muchas páginas sólidas e imprescindibles, de tal modo que recortar este libro, como he hecho con otros, me llevaría a copiarlo casi en su totalidad, como el mapa perfecto que Borges soñaba del mismo tamaño que el territorio cartografiado. Como el mismo Bauman titula su introducción, sus palabras se dirigen con coraje hacia el foco de las incertidumbres:
Al menos en la parte «desarrollada» del planeta se han dado, o están dándose ahora, una serie de novedades no carentes de consecuencias y estrechamente interrelacionadas, que crean un escenario nuevo y sin precedentes para las elecciones individuales, y que presentan una serie de retos antes nunca vistos.
En primer lugar, el paso de la fase «sólida» de la modernidad a la «líquida»: es decir, a una condición en la que las formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los hábitos, los modelos de comportamiento aceptables) ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas, ocupar el lugar que se les ha asignado. Resulta improbable que las formas, presentes o sólo esbozadas, cuenten con el tiempo suficiente para solidificarse y, dada su breve esperanza de vida, no pueden servir como marcos de referencia para las acciones humanas y para las estrategias a largo plazo; de hecho, se trata de una esperanza de vida más breve que el tiempo necesario para desarrollar una estrategia coherente y consistente, e incluso más breve que el tiempo requerido para llevar a término un «proyecto de vida» individual. Leer el resto de esta entrada »
Contra el mapa
“Lejos de ser un simple espejo de la naturaleza falso o verdadero, los mapas vuelven a describir el mundo -como cualquier otro documento- en términos de relaciones de poder y de prácticas culturales, preferencias y prioridades”, apostilla Harley.
Joaquín Torres García: La Escuela del Sur (1935)
[...]
Se suele, así, dar por hecha la objetividad del mapa, sin tener en cuenta el trabajo de “traducción” que el trazado implica. Y en este punto empieza el malentendido, ya que trazar un mapa conlleva, en primer lugar, el necesario poder para trazarlo -las historias militares de la geografía y la cartografía, en las cuales se pone de manifiesto quién y desde dónde ha escrito el relato, no dejan lugar a dudas.
Elogio de la lentitud
Mientras la medida del tiempo se infiltraba en todos los recovecos de la vida, los satíricos bromeaban acerca de la devoción europea por el reloj. En Los viajes de Gulliver (1726), los liliputienses, al ver que Gulliver consultaba su reloj con tanta frecuencia, llegaron a la conclusión de que debía ser su dios.
Los cínicos no sirven para este oficio
Todos nosotros somos testigos de esta situación. Antes, la profesión de periodista era un trabajo de especialistas. Había un limitado grupo de periodistas especializados en algún campo concreto. Ahora la situación ha cambiado por completo: no existen especialistas en ningún campo. El periodista es simplemente uno al que trasladan de un lugar a otro, según las exigencias de la cadena televisiva. Pero más importante que esto es que los medios de comunicación, la televisión, la radio, están interesados no en reproducir lo que sucede, sino en ganar a la competencia. En consecuencia, los medios de comunicación crean su propio mundo y ese mundo suyo se convierte en más importante que el real.
Ante el dolor de los demás
Un horror inventado puede ser en verdad abrumador. [...] Pero la vergüenza y la conmoción se dan por igual al ver el acercamiento de un horror real. Quizá las únicas personas con derecho a ver imágenes de semejante sufrimiento son las que pueden hacer algo para aliviarlo [...] o las que pueden aprender de ella. Los demás somos mirones, tengamos o no la intención de serlo.
El arte de amargarse la vida
Se trata fundamentalmente de la convicción de que no hay más que una sola opinión correcta: la propia. Una vez que se ha llegado a esta convicción, muy pronto se tiene que comprobar que el mundo va de mal en peor.
[...]
Si alguna que otra vez -no es fácil que pase-, el mismo curso independiente de las cosas compensa, sin intervención nuestra, por el trauma o fallo del pasado y nos da gratuitamente lo que deseamos, el experto en el arte de amargarse la vida no se desalienta ni mucho menos. La fórmula “ahora ya es demasiado tarde, ahora ya no quiero”, le permite permanecer inaccesible en su torre de marfil de indignación y evitar así que, lamiéndose las heridas infligidas en el pasado, éstas vayan a curar.
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El otro, el extranjero
En su libro El pájaro pintado, Jerzy Kozinski (1965) cuenta que en los días comenzó la Segunda Guerra Mundial era un niño que vivía en Varsovia con sus padres. Éstos lo enviaron entonces a un pueblito remoto bajo la suposición de que allá estaría alejado de cualquier acción bélica. En cierta manera tuvieron razón, pero Kozinski cuenta que por ser judío, tener tez oscura, pelo negro y nariz ganchuda en un lugar donde todos eran católicos, rubios, de ojos azules y nariz recta, lo explotaban en tareas extenuantes y peligrosas, lo molían a palos al menor incumplimiento y error, y lo torturaban salvajemente cada vez que ocurrían desgracias que nada tenían que ver con él, tales como accidentes de otros habitantes, problemas con la cosecha y enfermedades de animales de granja.
En cierto momento, el por entonces niño Kozinski conoció a un pajarero, que cazaba con trampera para luego ir vendiendo las aves por los pueblitos de Polonia y que le mostró el fenómeno que da nombre al libro. Cuando atrapaba a un pájaro, el resto de la bandada sobrevolaba de una manera que, con cierta dosis de antropocentrismo, podríamos llamar “protesta” y “clamor para que se liberara al compañero preso”. Si el hombre lo liberaba, el pájaro volaba a reunirse con el resto de la bandada y escapar. Pero si antes de hacerlo le pintaba el pico de azul, o un ala de amarillo, o la cabeza de verde, en cuanto el animal se mezclaba con sus congéneres éstos le arrancaban los ojos, las plumas y despedazaban su cuerpo, que en instantes caía muerto. Leer el resto de esta entrada »
Comunidad
Promover la seguridad siempre exige el sacrificio de la libertad, en tanto que la libertad sólo puede ampliarse a expensas de la seguridad. Pero seguridad sin libertad equivale a esclavitud (y además, sin una inyección de libertad, a fin de cuentas demuestra ser un tipo de seguridad sumamente inseguro); mientras que la libertad sin seguridad equivale a estar abandonado y perdido (y, a fin de cuentas, sin una inyección de seguridad, demuestra ser un tipo de libertad sumamente esclava). Esta circunstancia ha procurado a los filósofos una jaqueca sin cura conocida.
También determina que convivir sea tan conflictivo, puesto que la seguridad sacrificada en aras de la libertad tiende a ser la seguridad “de otra gente”; y la libertad sacrificada en aras de la seguridad tiende a ser (también) la libertad de otra gente.
Enciclopedia del crepúsculo
En el subsuelo conviven el nihilismo ideológico y el terror criminal con la complicicdad de aquellos poderes y actitudes que sacan provecho del ocultamiento, la manipulación y la mentira. Como Dostoievski analizó con implacable lucidez en Los demonios, el subsuelo es la patria propicia del nihilista porque allí, ajeno a la ley, pero también al amor y a la compasión, se siente el incontestado ejecutor de sus quimeras sin tener que dar explicaciones a la modesta e incierta luz en la que viven y mueren los hombres. Incapaz de captar esa luz, el nihilismo se siente, en cambio, superior en el ámbito de las tinieblas. Esa actitud, espiritualmente cloacal, equipara a los actuales fundamentalistas religiosos y nacionalistas con la vieja tradición ideológica, o quizá mejor mental, que Dostoievski diseccionó en sus páginas. Un pobre diablo de ETA o Al Qaeda se ve reflejado como un titán en el espejo del crimen.
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La deshonra rusa
En un mercadillo encontré este libro: su precio, constantemente rebajado y tachado en su interior: 7 , 6… 1€. Lo mismo que valía su vida para los que dieron la orden de asesinarla: Anna Politkovskaya, periodista hasta las últimas consecuencias, murió asesinada en Moscú el 7 de octubre de 2006. Su testimonio es imprescindible para comprender las cloacas de sufrimiento sobre las que se eleva la inmensa pirámide de odio y poder sobre la que se encuentra el ex agente del KGB y hoy presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin.

Tras las elecciones de 2000, hasta el día de hoy, la guerra sigue siendo su gran causa. Putin y su pueblo han bendecido en Rusia algo que ningún país puede aprobar, salvo aquellos con tendencias totalitarias: una corrupción sobre la base de la sangre; millares de víctimas que no suscitan ni extrañeza ni protesta; un ejército corrompido por la anarquía militar; un espíritu chovinista en el seno del aparato gubernamental que se hace pasar por patriotismo; una desenfrenada retórica de estado fuerte; un racismo antichecheno, oficial y popular, con metástasis que se extienden a otros pueblos de Rusia…
No quiero a Putin porque para sentarse en el trono y reinar como amo y señor (y salir siempre bien parado en los sondeos de opinión) ha fomentado la gangrena moral de Rusia.
Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie
Del prólogo de Arturo Pérez-Reverte:
Una república desventurada en manos de irresponsables, de timoratos y de asesinos, un ejército en manos de brutos y matarifes, un pueblo despojado e inculto, estaban condenados a empapar de sangre esta tierra. Luego, prendida la llama, la arrogancia de los privilegiados, el rencor de los humildes, la desvergüenza de los políticos, el ansia de revancha de los fuertes, la ignorancia y el odio hicieron el resto. No bastaba vencer; era necesario perseguir al adversario hasta el exterminio. Murió más gente en la represión que en los combates; en ambos lados, analfabetos presidiendo tribunales gozaron de más poder que magistrados del Supremo. Hubo valor, por supuesto. Y decencia. Y lecciones de humanidad e inteligencia. Pero todo eso quedó sepultado por las pavorosas dimensiones de una tragedia que todavía hoy necesita reflexión y explicaciones. Leer el resto de esta entrada »










