Archivo para la categoría "Narrativa"
Un domingo en la piscina en Kigali
El habitante de las colinas desconfía del forastero. Vive aislado y no conoce amigo ni enemigo. Entonces se toma su tiempo para averiguar si lo es o no y entretanto finge. A menudo tarda una vida entera y no llega a decir lo que piensa hasta su lecho de muerte. Así ocurre que a veces en este país, después de años de un trato de zalemas, de regalos y alegres conversaciones, un blanco se entera de que nunca se le ha tenido en aprecio. Los blancos afirman que Ruanda-Urundi es el reino de los mentirosos y los hipócritas. No entienden nada de la inseguridad del hombre de las colinas. Los blancos tienen fusiles, los negros tienen pensamientos secretos.
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-Tus hijos y los hijos de tus hijos, mientras vivan en el país de las colinas, deberán cambiar de piel como serpientes y de color como los camaleones. Siempre deberán volar en la misma dirección que sople el viento y nadar según la corriente. Serán lo que no son; si no lo hacen, sufrirán por ser lo que son.
El emperador
¡Sí, estimado señor, era asombroso el poder que ejercía el nombramiento imperial! Porque, fíjese, una cabeza corriente que hasta entonces se había movido de un modo natural y sencillo, tan ágil y libre, tan pronta a girarse, a inclinarse, a oscilar y a balancearse, una vez ungida por el nombramiento experimentaba una extraña reducción y, a partir de aquel momento, se movería tan sólo en dos direcciones: en la vertical-hacia abajo, que adoptaba en presencia del Honorable Señor, y en la vertical-hacia arriba, que adoptaba ante los demás. Fijada sobre ese eje “arriba-abajo”, la cabeza no podía moverse libremente, y si la sorprendiéramos por la espalda llamando de repente: “¡Oiga, señor!”, tal cabeza hubiera sido incapaz de volverse; su dueño habría tenido que detenerse con la mayor dignidad y sólo entonces, usando todo el cuerpo, habría podido girar aquella parte hacia el lugar de donde procedía la voz.
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El trono irradia dignidad, pero sólo por contraste con la sumisión que lo rodea; es la sumisión de los súbditos lo que crea su superioridad y le da sentido; sin ella el trono no es más que un decorado, un incómodo sillón de terciopelo raído y torcidos muelles.
Un día más con vida
Yo no tenía salvoconducto para moverme por aquella zona, porque en el frente sur -que era el más débil, el más abandonado, el peor organizado y el peor armado- no dejaban penetrar a nadie. Pero pensé que a lo mejor me las arreglaría solo. Eso pensé, aunque a decir verdad no pensé en absoluto, pues si de verdad hubiese reflexionado, seguramente se me habrían quitado las ganas de aventurarme por aquellos parajes. Por otra parte, no obstante, si me lo hubiese vuelto a plantear, seguramente sí habría decidido que quería hacerlo, porque considero que no debo escribir sobre personas con las cuales no haya vivido, aunque sólo fuera una pequeña parte, lo mismo que viven ellas.
Tokio blues. Norwegian Wood
Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego éstos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko. De la misma forma que se está distanciando del lugar donde estaba mi yo de entonces. Sólo el paisaje, aquella imagen del prado en octubre, vuelve una y otra vez a mi mente como la escena simbólica de una película.
El olvido que seremos
Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, y de entregar mis escritos a la imprenta, es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra.
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Hoy en día, hay un único motivo por el que vale la pena perseguir algún dinero: para poder conservar y defender a toda costa la independencia mental, sin que nadie nos pueda someter a un chantaje laboral que nos impida ser lo que somos. Leer el resto de esta entrada »
El desvío a Santiago
Quizá sea ésta la más profunda melancolía del viajero, que la alegría del regreso siempre está mezclada con algo más difícil de describir, que aquello que has echado tanto de menos también puede seguir existiendo sin ti, que deberás quedarte para siempre allí -donde se encuentra esto- si quieres tenerlo verdaderamente contigo. Pero para ello tendrías que convertirte en alguien que no puedes ser, alguien que se queda en casa. El auténtico viajero vive de su desgarramiento, de la tensión entre el volver-a-encontrar y el volver-a-dejar, y al mismo tiempo ese desgarramiento es la esencia de su vida, no pertenece a ninguna parte. En el todas-partes que frecuenta constantemente faltará siempre algo, es el eterno peregrino de lo carente, de la pérdida, e igual que los auténticos peregrinos de esta ciudad está buscando algo que estaba aún más lejos que la sepultura de un apóstol o la costa de Finisterre, algo que hace señas y permanece invisible, lo imposible.
El señor Pip
Al recordar estos sucesos, no siento nada. Perdonadme si ese día perdí la capacidad de sentir. Fue lo último que me quitaron después de mi lápiz y mi calendario y mis zapatillas, el ejemplar de Grandes esperanzas, mi esterilla y la casa, después del señor Watts y mi madre.
No sé qué hay que hacer con esta clase de recuerdos. No creo que esté bien querer olvidar. Quizá por eso escribo estas cosas, para poder seguir adelante.
Un grito de amor desde el centro del mundo
Mi corazón iba a hacerse añicos como el pétalo helado de una flor al pellizcarlo con la punta de los dedos.
-Adiós, Aki.
Kyoichi Katayama: Un grito de amor desde el centro del mundo (Alfaguara)
Lugares
Caídos de la inocencia, en verdad cuándo, en verdad dónde, y cómo era aquello, cuando aún podíamos escribir versos, y de cientos se lograba si acaso uno, pero con ese sólo salvábamos algo o creíamos salvar algo, y tal vez aún podríamos, pero ya no creemos, ya no creemos en la curación por la palabra, en la curación por el espíritu. Lo extraño era que esos versos no necesitaban ser leídos por nadie, estaban ahí, algo estaba ahí y transformaba el mundo, desde el cuaderno, desde el cajón actuaba, su resplandor atravesaba los gruesos muros, así lo creía, lo creíamos, los poetas en la época de la inocencia, pero ya terminó, y hace ya mucho, así que ahora nada vale, nuestro paciente esfuerzo por una línea, por una palabra, por el sonido de una vocal, y aún nos rebelamos, por qué no, el arte es eterno, el arte no puede desaparecer, eso aprendimos. Pero también aprendimos muchas otras cosas, como que el hombre es bueno y el buen Dios cuida de él, y que el soldado es un soldado y el civil un civil, perspectivas que ya no podemos tomarnos en serio, y lo Bello se nos muere bajo la mano que escribe.
El corazón helado
Este país tuvo una vez una oportunidad, recordé, fue una vez el país de los hombres, de las mujeres admirables, pero ellos no guardan en una carpeta ningún testimonio que justifique su condición, ellos quemaron los papeles, los tiraron, los rompieron, se los comieron. Para ellos son peligrosos, para mi padre no. Porque frente a los hombres, a las mujeres admirables, en este país sólo hay hombres y mujeres a los que debemos comprender, gente pequeña, de un país pequeño, y pobre, y atrasado, que hizo lo que pudo para sobrevivir, para llegar a vivir algún día en un país grande, y rico, y desarrollado, y satisfecho de sí mismo, donde todo lo que pasa sucede siempre como por arte de magia.

Vida y destino
Así, en ningún otro lugar del mundo hay más esperanza que en el gueto. El mundo está lleno de acontecimientos, y todos esos acontecimientos tienen el mismo sentido y el mismo propósito: la salvación de los judíos. ¡Qué riqueza de esperanza! Y la fuente de esa esperanza es sólo una: el instinto de vida que, sin lógica alguna, se resiste al terrible hecho de que todos vamos a perecer sin dejar rastro. Miro a mi alrededor y simplemente no puedo creerlo: ¿es posible que todos nosotros seamos sentenciados a muerte, que estemos a punto de ser ejecutados? Los peluqueros, los zapateros, los sastres, los médicos, los fumistas…, todos siguen trabajando. Se ha abierto incluso una pequeña maternidad, o para ser exactos, algo que se le parece. Se hace la colada y se tiende en cordeles, se prepara la comida, los niños van a la escuela desde el primero de septiembre y las madres preguntan a los maestros sobre las notas de sus hijos.
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Todos los hombres son culpables ante una madre que ha perdido a un hijo en la guerra; y a lo largo de la historia de la humanidad todos los esfuerzos que han hecho los hombres por justificarlo han sido en vano.
La carretera [la belleza puede ser fría y desolada]
Sólo sabía que el niño era su garantía. Y dijo: Si él no es la palabra de Dios Dios no ha hablado nunca.
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El chico se tambaleaba sentado. El hombre vigiló que no se venciera hacia las llamas. Hizo unos hoyos en la arena para acomodar las caderas y los hombros del chico cuando se acostara y se sentó abrazándolo mientras le alborotaba el pelo delante de la lumbre para secárselo. Todo ello como en un antiguo ungimiento. Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más inventa ceremonias e infúndeles vida.
El imperio
El escritor ruso Yuri Bórev comparó la historia de la URSS con un tren en marcha:
“El tren se dirige hacia un futuro luminoso. Lo conduce Lenin. De pronto: stop, se han acabado las vías. Lenin apela a la gente pidiendo que trabaje horas extras los sábados; se colocan más vías y el tren puede continuar viaje. Después se pone a conducirlo Stalin. Y también se acaban las vías. Stalin manda fusilar a la mitad de los revisores y de los pasajeros, y obliga a los demás a colocar vías nuevas. El tren se pone en marcha. Jruschov sustituye a Stalin, y cuando se acaban las vía ordena desmontar las que el tren ha dejado atrás y colocarlas delante de la locomotora. Jruschov es sustituido por Bréznhev. Cuando vuelven a acabarse las vías, Bréznhev dispone que se corran las cortinas de las ventanillas y que se balanceen los vagones de tal manera que los pasajeros crean que el tren continúa en marcha.” (Y.Bórev, Staliniada)
Y así llegamos a la Época de los Tres Entierros (de Bréznhev, de Andrópov y de Chernenko) en la que los pasajeros ni tan sólo tienen ya la ilusión de que van a alguna parte. Pero hete aquí que en abril de 1985 el tren vuelve a arrancar. Éste, sin embargo, será su último viaje. Durará seis años y medio. En esta ocasión el maquinista se llama Gorbachov y la locomotora lleva pintados dos lemas: GLÁSNOST Y PERESTROIKA.
[...]
En cierto sentido , la perestroika y la glásnost constituyen una especie de pulmón artificial insertado en ese organismo herido de muerte que es la URSS. Gracias a él la Unión Soviética aún vivirá seis años y medio. Lo menciono porque los enemigos de Gorbachov afirman que se puso al frente de un país próspero y lo condujo al desastre. Todo lo contrario: la URSS llevaba tiempo desmoronándose, y Gorbachov alargó su vida hasta donde le fue posible. [...] no hubo ni uno de entre los politólogos norteamericanos que previese el desmembramiento de la URSS. De ahí que, cuando a finales de 1991 la URSS deja de existir, en el mundo se oigan voces de consternación y sorpresa. [...] En realidad, el proceso del desmoronamiento se había iniciado mucho antes.
Lo que no puedo olvidar
El mundo se encuentra al borde de una frontera terrible
y el destino deberá tomar decisiones colosales.
En la torre del olvido eterno
suena la hora final del capitalismo.
El discípulo preferido de Lenin, Nikolái Ivánovich Bujarin, desde la cárcel, el 12 de julio de 1937, antes de morir ejecutado por orden de Stalin.
Leído en las memorias de Anna Lárina: Lo que no puedo olvidar (Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores)
Lo que han visto mis ojos
Aquel día las emakumes (mujeres del Partido Nacionalista Vasco) iban a celebrar una misa en la capilla instalada en un hotel privado del barrio gótico. Aquella capilla improvisada era el único lugar en la zona republicana donde se podía celebrar oficialmente el culto. Nada en el mundo habría podido impedir que yo asistiera al oficio. Cuando la inquisición roja ocupa el lugar de la inquisición blanca, asistir a los oficios es una forma de protestar tan necesaria como lo había sido antes negarse a pisar una iglesia.
[...]
En contra de la opinión más generalizada, el dominio comunista no era la causa, sino la consecuencia del pronunciamiento franquista.










